retratos de ti.
Nunca supiste hablar sin una pausa. Sacaste una sonrisa cuando había una lagrima y siempre tuviste ese pero que te hacia indiferente. Tal vez fue la frase adecuada de tus versos. Y enamorabas a niñas de ojos verdes. Nunca te gusto el color amarillo, y siempre recuerdo que cuando alguien te gustaba de verdad, cerrabas la puerta y te sentabas en el suelo a pensar. Quemaste cien cartas y nunca conseguiste olvidar. Tu ventana era la cómplice de una mirada que no decía nada. Y aquí dejo las llaves, en tu cama, no abras nunca la puerta de mi casa, no hay nadie que te espera.
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